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El amor está sobrevalorado

La mayoría de los mortales, en algún momento de su vida, desean “sentar” la cabeza y constituir un núcleo estable de convivencia con alguien, incluso formar una familia y traer churumbeles a este, nuestro mundo.

Y siempre damos por supuesto y asumimos que debemos estar enamorad@s para dar este paso; que debemos sentir esas “mariposillas” en el estómago cada vez que vemos a esa otra persona.

Pues para mí ésto tiene cada vez menos sentido!!! Qué barbaridad, no? -diréis algunos-.

Vamos a ver, todos tenemos -o deberíamos tener claro- a estas alturas de la vida que el “enamoramiento” se produce en el cerebro.

Love-in-brainSegún las últimas teorías de los neurocientíficos, que son los que estudian qué mecanismos se ponen en marcha y por qué, han comprobado que esta fase dura entre 6 meses y 2 años (sí, aunque parezca increíble, hasta éso se lleva al laboratorio y se puede cuantificar!).

Por lo tanto, teniendo en cuenta que la mayoría del tiempo que vamos a pasar con nuestra pareja en una vida asentada, en una unidad de convivencia más o menos duradera, va a ser un tiempo mucho más amplio que lo que duran las mariposillas en el estómago, vamos a ser prácticos.

Los que aún sóis súper jóvenes o no os planteáis éso de tener compañía estable, podéis dejar de leer a partir de aquí. Aquellos que, como yo, sí que os gustaría contar con alguien, seguid leyendo.

Busquemos alguien que nos haga reír y que tenga mucho sentido del humor (creédme, no es lo mismo; puede ser un payaso pero que no le guste que lo puteen!!). Que comparta aficiones que son importantes en nuestra vida (música, conocer mundo, ir al teatro, bailar, coleccionar sellos… lo que sea pero que sí podáis compartir algo que ha sido una constante en vuestra vida desde hace tiempo). Que vea la vida con la misma filosofía. Que comparta alguna actividad con nosotros (caminar, salir de copas, ir a la playa). Que esté dispuesto a escucharnos como si fuese nuestro mejor amigo y aconsejarnos de forma crítica y razonada.

Todo esto hace que dos personas se entiendan, que se puedan acompañar en los buenos y menos buenos momentos, que se apoyen; en definitiva, que formen un equipo.

Porque la vida en todos los aspectos es un juego. Puedes elegir jugarlo de forma individual o en equipo. Si elegimos un compañero de equipo, no deberíamos dejarnos llevar por un simple proceso químico que sucede en el cerebro. Deberíamos escoger a aquel con las mejores aptitudes y actitudes para disputar cada una de las partidas que nos depara el futuro.

Seamos, pues, prácticos porque el amor está sobrevalorado!!!

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