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Un poquito de orgullo

desmotivaciones.mx_NO-ES-ORGULLO-se-llama-dignidad-no-ruego-ni-mendigo-amor-a-nadie-_135593853829La gente dice que el orgullo te impide acercarte a muchas personas y disfrutar de muchas situaciones; que te aprisiona en tus propios miedos y egoísmo; que ancla tus pies a tu propia visión de la vida para no tener en cuenta la de los demás. El orgullo, parece ser, te impide ser feliz.

Hay muchas personas que por orgullo no piden perdón, no dan marcha atrás en sus palabras, no se vuelven a acercar a los que un día les hicieron daño o ni siquiera intentan saber si realmente el silencio se debió a un simple malentendido.

Bien, entiendo que éso no es muy provechoso, que no nos beneficia en nuestras relaciones sociales y que puede hacer que dejemos que nuestros juicios primarios sobre personas o situaciones determinen quién debe o no estar en nuestra vida. Y por ende, éso puede hacer que nos equivoquemos. Y mucho. Y que perdamos de estar con gente que en realidad es maravillosa pero ha tenido un mal día, un mal juicio o una mala palabra.

Perfecto. Entendido.

Pero ¿qué hay del otro extremo? Cuando hay una discusión y tú eres la primera persona en descolgar el teléfono (bueno o en teclear un mensaje de whatsapp) para hacer ver que no ha pasado nada. O cuando intentas reconducir una relación para no quedarse anclado en una mala experiencia o un  simple malentendido. O cuando intentas una y otra vez hablar con esa persona que te dice que sí, que tiene ganas de verte, pero con la tontería ha pasado un año.

¿Qué pasa cuando la falta del más mínimo orgullo nos lleva a dejarnos pisotear? A intentar revivir una amistad que está muerta? A intentar conquistar a alguien que tiene otras prioridades? A intentar quedar con alguien que nunca encuentra tiempo para un café?

Y por supuesto estoy hablando de personas que no te dan un no rotundo o no te contestan. Cuando te dicen directamente “vete a la mierda”, sé lo que hay que hacer -y además lo hago!-. Pero cuando hay un silencio o una excusa, te quedas con la duda. Y esa duda crece pero nunca se despeja porque en tu fuero interno sigues pensando que lo mejor es seguir insistiendo, más que nada por no perder la oportunidad de…

De qué? De que te sigan pisoteando y mofándose de ti. Ésa es la única respuesta posible a esta pregunta.

Pues a mí … a mí que me dén de eso: un poquito de orgullo.