La cárcel de la ansiedad

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Es una presión en el pecho que no te deja respirar. La desgana que te priva de las ganas de reír.

Un nudo en el estómago que no te deja comer. O unas ganas voraces de ingerir cualquier cosa.

Son los grilletes que te impiden salir de casa. El miedo que te impide levantarte por la mañana. Las lágrimas que aparecen sin motivo.

La impotencia por depender de la medicación. Las noches en vela cuando necesitas cerrar las ojos y dejarte ir.

El bloqueo emocional para tomar las riendas de tu vida.

Es la oscuridad que se apodera de tu rostro y de tu alma cuando los demás no te ven.

Pero lo peor, lo infinitamente peor de la ansiedad, es que el resto del mundo piensa que es voluntaria cuando darías cualquier cosa por arrancarla de tu vida.