Odio y amor

Nunca he conseguido odiar a nadie. Dá igual el daño que me pudiese hacer. Dá igual cómo se hubiese portado conmigo. No olvido pero tampoco guardo rencor; siempre deseo lo mejor a quien se va de mi vida, por mal que hayamos acabado. Probablemente sea porque intento recordar los buenos momentos compartidos y, al ponerlos en la balanza, que gane la parte positiva.

Sin embargo, se puede experimentar otro tipo de odio: aquél que se profesa a alguien que apenas conoces. El que se experimenta cuando hay alguien que te interesa y no sabes por qué. Intentas analizar qué te gusta de esa persona y qué no. Eres capaz de escribir los defectos en un papel pero cuando llegas a la parte de plasmar los rasgos positivos que has conocido resulta que no encuentras las palabras; no sólo porque apenas conoces a esa persona sino porque realmente son etéreos, indefinidos, confusos y se refieren a sensaciones que experimentas, no a comportamientos objetivos. Muy pocas cosas has compartido con él. Pero ahí esAmor y odiotán para hacerte odiar. Es esa mirada pícara y maliciosa; es esa sonrisa ladeada de niño travieso; son los pensamientos que sabes que está teniendo contigo; las ganas de hincarle el diente; el desafío que supone estar lejos de él. La atracción más animal y voraz.

No hay enamoramiento, no ves a esa persona como compañero de vida ni siquiera como amigo. Son las ganas de contacto, saberte deseada y pensada en la distancia por ese otro ser. Le buscas, le hablas, intentas tener contacto con él y haces lo imposible por verle. Pero él no demuestra nada más que pasividad. En un momento pasado te buscó pero fue algo puntual. Sabes que no te piensa, que no le importas, que a menos que te plantes delante de él, no existes. Es un nexo de unión que mantienes de forma unilateral aún sabiendo que para esa otra persona eres una más. Y entonces aparece el odio y él es la diana que se te pone por delante; y le odias; y es una locura.

Pero como dice una amiga lo más probable es que no sea odio hacia él; seguramente será el deseo de no quererle, de no pensarle, de no necesitarle; las ganas de apartarle de tu mente, de tu vida y no sentir más por él. Porque sabes que nada va a haber y que nada deseas de él pero ese imán siempre te lleva en la misma dirección. Y ahí también te odias a ti misma.

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2 pensamientos en “Odio y amor”

  1. Gran reflexión. A veces perdemos o Norte e volvémonos locos buscándoo, cando realmente, sin sabelo, sin darnos conta o que necesitamos é o Sur. Por momentos a inconsciencia fainos sentir conscientes de que realmente anhelamos o que non creíamos desear. E actúa en nós un instinto “animal”, máis intenso e máis forte do que realmente podemos psicolóxicamente aceptar e fai que actuemos de forma diferente á que realmente quereríamos actuar.

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