¿Para qué sirve la experiencia?

Se vuelve a repetir. Otra persona pero la misma actitud hacia mí. Por una parte, expresa que me aprecia mucho y que le caigo bien; por la otra, ignora mis mensajes y llamadas y no tiene interés en quedar conmigo o verme.

Oh! Oh! Ésto ya lo he vivido antes… Y es que, nuestra forma de tratar a las personas que nos agradan, salvo matices, es la misma. Si alguien es considerado con las preocupaciones de los demás pero también algo insistente, lo seguirá siendo en las sucesivas relaciones interpersonales que desarrolle a lo largo de su vida. O no.

La memoria está ahí para recordarnos las similitudes con experiencias pasadas y como concluyeron dichas experiencias. Y si resulta que el balance no fue todo lo negativo que nos hubiera gustado… ya sabemos lo que tenemos que hacer: frenar en seco.

Parar. Enfriar la cabeza. Recordar, comparar y analizar.No nos precipitemos. ¿Es realmente lo que estoy viviendo equiparable a lo vivido anteriormente?

Cuando la respuesta sea que sí tiene un parecido razonable es el momento de decir: “No”. “No voy a volver a pasar por ésto de nuevo; no me voy a crear un sufrimiento que sé que no me conduce a ningún lugar bueno”.

La experiencia nos muestra el camino a seguir pero debemos ser capaces de aprender de los errores, de autoanalizarnos, de abrir la mente y ser críticos con nosostros mismos. Es difícil asumir que hemos vuelto a tomar el camino equivocado, pero por lo menos habremos malgastado tan poca energía que nos dá la posibilidad de volver atrás y tomar otros senderos. Sólo así podremos mejorar como personas y mejorar nuestra vida.