Normas para una post-relación

Cuando se termina una relación sentimental te debates entre seguir hablando con esa persona de modo normal o bien apartarla de tu vida de forma tajante. Pero, ¿alguien sabe cuál es la mejor manera de hacerlo?

El apego hacia una persona que hemos querido y con la que hemos compartido muchos momentos, buenos o menos buenos, nos hace querer seguir en esa inercia. Pero nuestra mente realmente sabe cuándo esa situación nos hace más daño del bien que nos aporta. Es el momento de pensar en el objetivo que ahora debemos poner por delante y que se supone que es pasar página, rehacer nuestra vida, “desacostumbrarnos a la presencia del otro”.

Pensemos en quién ha motivado realmente la separación. Se nos presentan varias disyuntivas.

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Si se termina de mutuo acuerdo, podríamos pensar que es sencillo seguir viéndose de modo habitual y con un trato cercano. Ninguno de los dos debería pasarlo mal y ambos deberían poder cambiar sus rutinas de vida sin problema alguno. Pero también es cierto que cuando llega el fin de una relación, no es lo mismo “saber lo que hay que hacer” que “llevarlo a cabo”. Las rutinas dominan nuestra vida y la hacen más cómoda y segura. De modo que es normal pasar un tiempo “echando de menos” al otro, aunque sepamos a ciencia cierta que no nos convenía.

En el caso de que la separación sea a instancia de una de las partes, el tema se vuelve más complejo. Si esa persona no me llena como pareja o no estoy preparada para atarme a nadie o me trae más quebraderos de cabeza que satisfacciones, ¿se supone que no podemos ser amigos?

Se supone que con nuestras amistades hablamos de lo que se nos pasa por la cabeza, de si estamos bajos de moral, de como nos sentimos… qué haríamos entonces: ¿contarle a esa persona lo que pensamos de nuestra nueva realidad? El diálogo sería:

A.- ¿Cómo te va la vida?

B.- Pues tengo depresión, te echo muchísimo de menos, no quiero olvidarme de ti, creo que fue un error dejarlo, no me veo capaz de seguir adelante…

Todos entenderíamos que a “A”, si es un ser con una mínima empatía y que además ha querido a “B”, esas palabras le afectarán negativamente y le harán daño.

Es decir, hacer sentir mal a la otra persona (cons o inconscientemente) ¿es realmente apreciar a un amigo? Y, en caso de que seamos los destinatarios de esos comentarios de tristeza y desazón, ¿hasta qué punto no nos hace ésto sentir más culpables y ahonda en una brecha de separación emocional y hastío? Lo cierto es que puede incluso hacer que la cordialidad y el buen recuerdo que nos deja alguien se tranformen en amargura y en rechazo hacia el otro.

Otra opción sería obviar lo que serían las partes más personales de las conversaciones, no hablar de los sentimientos ni todos aquellos temas que puedan incomodar al otro. Pero éso sólo se puede hacer si existe una verdadera amistad y discernir amistad tras una unión sentimental a alguien, es algo que precisa de distancia para ser apreciada.

Pienso, y eso es simple y únicamente “mi experiencia”, que el contacto habitual con el “objeto de deseo” nos impide hacer la transición mental que se necesita para abandonar psicológicamente una relación. Las personas van y vienen y debemos aprender a quedarnos con lo mejor de ellas y a evitar cometer los mismos errores cuando estos nos han hecho daño. El dejarse espacio físico y mental para que el cerebro reconstruya la nueva realidad y procese lo ocurrido significa permitir hacer paz con uno mismo, no culparse ni culpar a nadie.

Como dicen nuestros mayores (y cuánta razón tienen!) el tiempo lo cura todo; el tiempo asienta el espíritu y nos hace relativizar hechos del pasado y darles su justa importancia. Debemos analizar las cosas de forma calmada, sólo después podremos sentarnos con un@ ex y hablar de lo ocurrido y, si se tercia, poder iniciar, ahí sí, una relación cordial de amistad.

 

Típicos tópicos sobre las mujeres y el sexo

Curiosidades-sexualidad-femenina

  • A las mujeres no nos gusta el sexo, ni pensamos en él a lo largo del día (por favor!)
  • Las mujeres jamás nos masturbamos ni tenemos necesidad de hacerlo (ni que fuéramos indecentes!)
  • No vemos cine porno (ni tampoco nada visualmente explícito no nos vaya a corromper nuestra moral puritana…)
  • Las mujeres nunca damos el primer paso para entrarle a alguien ni proponerle sexo sin más (impossible…)
  • Una mujer no tiene fantasías sexuales y se deja llevar por los deseos de la otra persona (así me gusta)
  • Las mujeres no entramos en redes sociales sólo para sexo (sólo amor romántico, please…)
  • Las mujeres nunca salimos a cazar (nos quedamos como corderillos esperando al lobo feroz)
  • Si vemos una persona atractiva no tenemos “pensamientos impuros” ni nos imaginamos practicando sexo (faltaría más!)
  • No nos gusta el aquí te pillo, aquí te mato
  • Buscamos siempre encontrar el príncipe azul cuando decidimos intimar con él; convertirlo en padre de nuestros hijos y el maridito a quien cuidar el resto de nuestra vida; nos imaginamos sólo cogidos de la mano en plan platónico como en “La Casa de la Pradera”
  • No decimos nunca cómo nos gusta que nos toquen, dónde, con qué cadencia e intensidad (serás guarra!)
  • No tenemos filias ni parafilias sexuales, ni nos gustan “cosas raras” como el BDSM ni otro tipo de prácticas adscritas a “depravad@s sexuales” (viva el misionero!)
  • Si nos gusta un hombre, por supuesto que sea de pelo en pecho, que huela a sudor y  en plan “macho ibérico” (always!)
  • Si es una mujer debe ser en plan hippie total
  • En caso de que nos guste el sexo (ooohhh! pecado!!!) éste deberá incluir única y exclusivamente caricias delicadas, besitos de amor y demás reverencias como si de una dama se tratase

… y más,  muchos más, demasiados tópicos que hay que empezar a desterrar. Porque la igualdad hay que conseguirla en todos los campos. Tú también deberías poner tu granito de arena!

Manual para una huida hacia adelante

Hay momentos en la vida de uno que se pueden denominar como un punto de inflexión y que, en función de las decisiones que tomemos, determinará la vida que queremos llevar a partir de ese lapso de tiempo.

¿Qué se supone que debe hacer uno en ese instante? Tal vez deberíamos pasar el día en casa meditando, leyendo libros de psicología, viendo “Redes” de Eduard Punset o discutiendo con amigos qué es lo que esperamos de la vida y qué vamos a hacer para conseguirlo.Pero es que hay personas que son un poquito más especiales y que no desean hacer lo que se supone es más lógico. Además, tampoco está comprobado científicamente que se obtenga mejor resultado de aquella manera o con la que os voy a describir ahora: la huida hacia adelante.

huir¿En qué consiste? En llenar todas y cada una de las horas del día que no dedicas a trabajar, comer o dormir – y a veces también robarle horas al sueño-. Quedar con gente, más o menos amiga, pero gente. Ir al gimnasio y de paso a piscina y si hay alguna de estas actividades modernas como el “zumba”m apuntarte también. Apuntarte a todo cuanto evento cultural haya: exposiciones, conciertos, inauguraciones. Más cosas: algún idioma que es poco probable que vayas a usar en tu vida diaria (aunque, quién sabe, tal como está la economía española, mejor nos iría emigrando a la China). O alguna disciplina que siempre quisiste aprender en la infancia pero que tus padres no supieron -o quisieron- captar : dibujar al carboncillo, tocar el piano, hacer ganchillo, cocinar cupcakes… Qué más? Por supuesto, no te puede quedar tiempo para ver la tele, como mucho engancharse a alguna serie de moda como “Breaking Bad” para poder tener tema de conversación en las redes sociales. Sí, las redes sociales! Hay que entrar en facebook un minimo de 5 veces al día para estar ocupado y es imprescindible buscar información en internet sobre alguna compra relevante que necesites hacer en el futuro inmediato (un cepillo de dientes eléctrico, un hervidor de agua, una bata para casa…).

Con todo ésto llegaremos a casa justitos para hacernos la cena y echarnos a dormir hasta tener q espabilarnos para ir a currar. (Los que no tengáis curro, debéis volver a empezar esta rutina a primera hora de la mañana, sino os convertís en calabaza!)

Y ¿qué conseguiremos con tanta actividad frenética? No pensar. No pensar en cómo hemos llegado a un punto de vacío existencial, de soledad, de no saber quiénes somos. No pensar en qué personas queremos que estén en nuestro futuro inmediato, con quién queremos compartir nuestras vivencias. No pensar en si queremos tener familia o no; si nuestro futuro laboral nos depara algo digno de mención. No pensar en qué aspectos de nuestra personalidad debemos desechar porque no nos aportan nada positivo. No pensar en qué sueños nos quedan por realizar, qué países nos quedan por descubrir, qué fantasía sexual aún tenemos por realizar. En fin, no pensar, porque pensar da dolor de cabeza!!!

Esto es una huida hacia adelante: escapar de un presente que no te llena como consecuencia de un pasado que está agotado y que necesita reformularse. Pero ¿necesitamos replantearlo conscientemente? O por el contrario ¿debemos dejarlo que fluya? ¿Es realmente una huida hacia adelante o es soltar amarras y echarse a volar?